ESCRIBIR…
Raquel Piña
Desde muy chica tuve la necesidad, más que la afición, de volcar en palabras escritas todo lo que sentía, desde lo sensible a través de la belleza, o desde el sentimiento que ocupaba en mi ser un espacio primordial.
Durante la adolescencia, la juventud y una buena parte de mi adultez, la poesía fue el vehículo que me resultaba más cómodo, más a tono con lo que quería expresar.
Pero ahora mi pluma se inclina por la prosa, porque como dijo Gustavo Adolfo Bécquer, “…la poesía es un pecado de juventud. Un poeta viejo generalmente es un monstruo…”
No es que la poesía caduque. Aún en este mundo tecnificado, ocupará siempre un lugar de privilegio. Lo que pasa es que la montaña de los años nos da una perspectiva distinta y nos invita a la reflexión, al compendio. Y no estoy hablando de la reflexión filosófica profunda. Se trata de otra cosa, se trata de la vida que pasa dejando huellas en la memoria y en el corazón que se desbordan por la mano, no importa si usamos para ese fin la lapicera, el lápiz o el teclado de la computadora.
Cada vez estoy más convencida que cualquiera puede escribir y transmitir su alma a los demás. Sólo basta tener algo que decir y la voluntad y la paciencia de armar un texto, con el mismo criterio con que las manos hábiles se deslizan por una madera convirtiéndola en un encaje o un chef con imaginación creadora mezcla los ingredientes de su receta maravillosa.
Dentro de cada uno de nosotros hay un escritor, dormido o despierto según el caso.
No falta nada más que el toque de la varita del hada madrina.
En esa costumbre tuya de enseñarme a mostrar el alma es que me contagié de la escritura, y dejé que se quedara conmigo.
ResponderEliminarGracias mamá, por enseñarme a leer y a escribir, que no es nada más que imaginar.
Te quiero.
Dicen que la imaginación es la loca de casa. Yo oopino que la imaginación es el hilo o la soga fuerte que nos salva siempre en el momento justo.
ResponderEliminarImaginar nos hace dueños del mundo sin que nadie se dé cuenta.
Te quiero Celina