Una vez, cuando era muy pequeña, soñé que todo el mundo era feliz, porque yo lo era.
Cuando ya era una adolescente observadora y curiosa, soñé que había muchas personas en el mundo que no conocían la felicidad.
Me convertí en adulta, tuve hijos, y entonces soñé que todos ellos eran muy felices.
El tiempo pasó y soñé que la vida había hecho con mis hijos lo que hace con todos los demás. Dar y quitar, acariciar y zarandear.
Ahora, que ya soy vieja y a pesar de mis años sigo acumulando experiencias y haciendo correcciones, sueño cada noche que la vida les enseña a mis nietos a vivir.
He descubierto, un poco tarde, que de eso se tratan los sueños.
Feliz cumpleaños papá. Eso nos enseñaste vos. Que los sueños se llevan la vida porque son como el burro con la zanahoria. Nos obligan a andar.
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