¿Qué puedo decirles hoy a mis hijos, a mis nietos y a mis bisnietos?
Podría simplificar las cosas acudiendo a lugares comunes como: Son la luz de mis ojos, son lo más importante para mí. Todo esto, a pesar de repetido mil veces, es verdad, pero no termina de definir lo que ellos son realmente desde mi condición de madre, abuela y bisabuela.
Los hijos y los nietos en sus distintos niveles, representan para mí la continuidad de la vida, la permanencia asegurada del amor sin condiciones, el rastro que dejamos en la tierra de generación en generación.
Pero atención y cuidado. Nuestra imagen recordada va a ser ni más ni menos que la que nosotros, los padres y abuelos, hemos podido construir ofreciéndoles a ellos las manos abiertas, no por compromiso sino por entrega total, y en esa entrega va implícita la difícil tarea de educarlos para el futuro, no con conocimientos académicos ni preparación pedagógica o psicológica, que eso queda para los profesionales en cuestión, sino con el ejemplo simple de lo cotidiano, que seguramente estará lleno de errores, de omisiones, de momentos plácidos y otros más duros, porque esa es la labor de los adultos.
Un árbol genealógico llevado al infinito, allá arriba, en la copa, nos va a emparentar a todos, la humanidad está entretejida con los hilos sutiles de millones y millones de voluntades que se fueron uniendo a partir de una pequeña y grandiosa sociedad: la familia.
Todos hemos sido hijos, todos somos o seremos padres y abuelos o tuvimos o tendremos la oportunidad de ejercer esos papeles, no a través de los lazos de sangre sino con los lazos fuertes del amor generoso.
Cuidado y atentos. También está Caín arriba de la escalera.
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